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¿Se automedican los animales?

De todos es conocido que los perros comen hierba para purgarse. Menos sabido es que lo mismo ocurre con los gatos, con un añadido: dado que los misifuses están continuamente limpiándose con la lengua, tragan una gran cantidad de pelos, que en los ejemplares domésticos se elimina gracias a las maltas, los piensos y la hierba de gato, vendida en semillas para plantar en tierra, macetas, e incluso para crecer sobre el propio envase comercial, provisto de arena.

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http://infactcollaborative.com/animals/cat-facts.html

Esta artículo reseña otro publicado al respecto en la revista Science.

¿Los animales se automedican?

Varios expertos en ecología y biología evolutiva analizan las causas de este comportamiento en un artículo publicado hoy en Science, y centrado en el uso de la automedicación para curar o prevenir enfermedades parasíticas.

El concepto de automedicación no es exclusivo del Homo sapiens. Se conocen muchas especies de animales que deciden ingerir ciertas sustancias por su interés farmacológico y no solo por cuestiones de nutrición. No obstante, es un fenómeno poco estudiado en la naturaleza.

Propóleo

Varios expertos en ecología y biología evolutiva analizan las causas de este comportamiento en un artículo publicado hoy en Science, y centrado en el uso de la automedicación para curar o prevenir enfermedades parasíticas.

Aunque los chimpancés buscan hierbas medicinales para purgarse de posibles parásitos, no solo se automedican las especies de animales con una alta capacidad para observar y aprender. De hecho, muchos lo hacen mediante comportamientos innatos, no aprendidos.

En el artículo, los autores exponen varias consecuencias de la automedicación, que incluso pueden afectar al ser humano de manera indirecta.

En primer lugar, influye en la transmisión y virulencia del parásito. Por ejemplo, cuando la mariposa monarca deposita sus huevos en asclepias –plantas herbáceas–, tóxicas para los parásitos, estos aumentan su virulencia.

La respuesta inmune de estos animales –que tiene un costo muy alto–, puede reducirse o incluso eliminarse por efecto de la automedicación. Es el caso de las abejas, que al utilizar antimicrobianos en sus nidos han evolucionado hasta perder ciertos genes inmunológicos.

Además, los autores se atreven a pronosticar que, si se llevan a cabo más estudios, podrá observarse que los huéspedes han adaptado su comportamiento a sus parásitos, y que la automedicación está más extendida de lo que se creía.

El estudio de la automedicación también afecta a la producción de comida y medicamentos por parte del ser humano. Algunas enfermedades animales pueden ser peores si se interfiere en la capacidad de los animales para medicarse, como puede pasar con las abejas seleccionadas para producir poca resina en sus panales –sustancia antimicrobiana que reduce la producción de miel–, y que se ven expuestas a infecciones.

Por último, dado que el Homo sapiens es también un animal ‘farmacéutico’, y muchas medicinas modernas derivan de plantas y productos naturales, estudiar la medicación animal puede ayudar a descubrir nuevos fármacos de utilidad.

Babuinos

Farmacias animales

Desde que en 1978 se describiera este comportamiento aplicado a la eliminación de parásitos, la lista de animales ‘farmacéuticos’ ha crecido hasta incluir polillas, hormigas, abejas e incluso la mosca de la fruta Drosophila.

Las plantas medicinales pueden emplearse para curar o prevenir parásitos en el propio animal –como hacen babuinos y algunas orugas–, pero también se utilizan con la misma intención de manera social –como hace Drosophila con sus crías, o ciertas hormigas con sus compañeras–.

Las investigaciones sobre esta medicación social o transgeneracional indican que el estudio de la automedicación no debe centrarse en el ‘auto’, sino en la eficacia biológica que estos comportamientos aportan a la población.

Jacobus C. de Roode, Thierry Lefèvre, and Mark D. Hunter. “Self-Medication in Animals”. Science, 2013, 12 April 2013, p. 150-151.

http://www.tendencias21.net/Animales-de-todo-tipo-se-automedican-como-los-humanos_a17009.html

http://www.agenciasinc.es/Noticias/Los-animales-tambien-se-automedican

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Un periodista ciego y una veterinaria se enamoran en una historia de perros

La editorial Destino acaba de publicar ‘Cierra los ojos y mírame’ – La obra retrata el mundo de la ceguera y de los perros-guía

David es ciego pero puede ver, lo hace a través de los ojos de su perro lazarillo. A los 20 años, cuando cursaba tercero de periodismo sufrió un accidente de tráfico que le relegó a la penumbra. “Me dejé caer en una depresión profunda que me asfixiaba entre sus brazos y no me dejaba escapar”, asegura tras el accidente.

Blanca, de 18 años, adora a los animales y acaba de comenzar la carrera de veterinaria. La joven pasó hace unos meses por un momento muy duro: se vio obligada a separarse de su mascota. “Lo has entrenado para que cumpla su misión en la vida”, le consolaban sus amigos, “estará muy pronto con alguien que lo necesite”.

Y así es. Su querido cane, Kits, es el encargado de guiar a David y no sólo para que éste no tropiece en el parque, o para que tenga cuidado cuando se aproxima a un escalón, le ayudará también a encontrar el amor.

Estos dos personajes son ficticios aunque sus creadores, Ana Galán y Manuel Enríquez, admiten que tienen mucho de ellos mismos. Los dos autores de la novela Cierra los ojos y mírame comparten con sus ‘criaturas’ su pasión por los animales (no en vano ambos son veterinarios), así como su experiencia en el cuidado de perros guía.

“Suma la dependencia que un ciego tiene de su lazarillo y el vínculo emocional que cualquiera tiene con estos animales y te darás cuenta de lo que es un perro guía”, asegura Enríquez, que al igual que su personaje tuvo que pasar por el trauma de perder la vista. “Tanto tu seguridad como tu integridad física está en los ojos del perro”, reflexiona el veterinario, que hasta hace unos meses era coordinador del Departamento de perros-guía de la Fundación ONCE.

“Es apasionante todo lo que hacen estos animales”, afirma Galán que trabaja como criadora de perros guía para la organización “Guiding Eyes for the Blind” de Nueva York. “Eso sí, no son un GPS, el perro guía no tiene ni idea de por dónde se va a tu destino, es el usuario el que sabe por donde hay que ir, el perro guía lo que hace es mostrarle dónde hay obstáculos”.

Es precisamente Blanca, el personaje creado por Galán, la encargada en la novela de mostrarnos el proceso de aprendizaje de estos perros tanto en la “escuela” como en sus familias de acogida.

Y es que, antes de que estos animales pasen a guiar los pasos de una persona invidente tienen que someterse a un riguroso entrenamiento. Tras éste serán capaces de ir en el metro, considerar si hay algún bajo que pueda dar a su dueño en la cabeza o no distraerse con otros perros.

De este modo, los canes pasan dos años en los que tienen que superar diferentes pruebas hasta convertirse en lazarillos. Para ello, se echa mano de familias a las que previamente se asesora sobre cómo tratar al animal. Así, deben recompensarle cada vez que haga algo bien, ser estrictos cuando se quiera tumbar en el sofá o enseñarle a respetar todas las normas…

“El perro va a estar viviendo toda su vida en una casa”, afirma Galán, “por eso es importante que antes esté con una familia que le va a exponer a distintas situaciones como un restaurante, un autobús… eso le queda en el disco duro y cuando vuelve a vivir la misma situación la recuerda”.

Sin embargo y pese a los momentos “gratificantes” con que estos animales recompensan a sus familias de “acogida” lo cierto es que hay un momento muy duro: dejarles partir para “finalizar” sus estudios en la escuela. “Tanto en la novela como en la vida real, es un momento muy emotivo en el que todo el mundo llora”, reconoce Galán.

Después de año y medio en compañía de una familia los canes que superan las pruebas de concentración a las que son sometidos han de pasar a un entrenamiento más intenso de seis meses en la escuela de perros guía. Durante este tiempo, se limita mucho su contacto con la familia de “educadores”.

Tras ese entrenamiento llega el gran momento, el del encuentro del invidente con el que a partir de ese momento será su guía. Pese a que en la ficción David apenas tiene problemas para hacerse con un perro, lo cierto es que tal y como relata Enríquez, “en España la fundación ONCE hace cuatro test: uno médico, uno psicológico, uno sociológico y otro de movilidad”.

A través de la historia de Kits, David y Blanca, Cierra los ojos y míramepretende quitar las vendas a una realidad que puede resultar poco próxima al público juvenil al que va dirigida. Sus personajes, sin caer en el dramatismo, nos muestran la vivencia real que experimentan personas que han perdido el sentido de la vista y las dificultades que sufren por la aceptación de la discapacidad y la lucha por seguir adelante.

“No pretendemos ser paternalistas” afirma Galán, “pero el chico se queda ciego y lo podía haber evitado”. Enríquez añade: “Es decirles a los chavales esto es real y te guste o no existen los accidentes y las imprudencias”.

http://noticias.lainformacion.com/asuntos-sociales/un-periodista-ciego-y-una-veterinaria-se-enamoran-en-una-historia-de-perros_Ht08jHIVksxabOLvKjd142/

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La extraordinaria historia de Faith, la perra sin patas delanteras

Faith es una perra que nació sin una pata delantera y otra deforme que tuvo que ser amputada. El hijo de la dueña, Jude Stringfellow, salvó a la cachorro cuando ésta estaba a punto de ser asfixiada por su madre. El veterinario, amigos y vecinos aconsejaron a Jude que matara a la perra, pero Jude, a base de estimularla con una cuchara en lo alto llena de crema de cacahuete, consiguió que Faith aprendiera a caminar sobre las patas traseras, como una persona.

Ahora, Faith tiene su propia página web, http://faiththedog.info,  dos libros (Faith alone: stories of an amazing dog y Faith walks: a memoir of a beautiful life), y ha sido protagonista en varios programas de la televisión de EEUU. Jude confiesa en la web:

“Faith nació por una razón. Creo que primero fue para curar a mi familia de la pena y la tristeza, y esto nos permitió ayudarla a cumplir otra misión: ayudar a tantas personas como sea posible. Por eso, mucha gente me escribe y me describe cómo Faith ha cambiado sus vidas.”

Algunos vídeos sobre Faith:

http://youtu.be/aZsV4R3XJKk

http://www.youtube.com/watch?v=oSB9aBMayxU&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=yLCEn_GxxL4&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=rtJVs3p2mk8

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El perro de Rocroi

El perro ha acompañado al ser humano en todos sus avatares, viajes y conquistas desde, se dice, al menos 15.000 años. En general, su imagen ha estado asociada a aspectos positivos: basta pensar en  los sambernardos, los terranovas, los perros de trineo o los lazarillos, para atestiguar el cariño y la utilidad de su presencia. Incluso, en la Parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, los perros aparecen como la única muestra de amor y misericordia que recibe el mendigo:

“Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino y banqueteaba cada día. Y un  mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas y con ganas de sacierse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.” (Lc. 19-21)

No faltan, sin embargo, las imágenes negativas: ahí está el famosísimo Sabueso de los Basrkerville, que sembraba el terror en los páramos victorianos de Sherlock Holmes y Watson, o los perros que atacaron al atribulado Gregory Peck en La profecía; ni las fotografías dolorosas de los galgos españoles colgados cuando dejan de ser útiles.

En el relato excelente que sigue, Arturo Pérez-Reverte habla de la lealtad de un perro del siglo XVII, tan español como el mastín de Las Meninas de Velázquez, pero de una vida no tan acomodada.

El perro de Rocroi

XLSemanal – 24/10/2011

La vida concede ciertos privilegios, y tener algunos amigos leales, sólidos como rocas, es uno de los míos. Entre ellos se cuenta el mejor de los pintores de batallas españoles vivos: se llama Augusto Ferrer-Dalmau, y llegué a su amistad por el camino más corto: la admiración que siento por su obra. Un día fui a una exposición suya y se lo dije. Le hablé de cómo, en mi opinión, su pintura continúa y renueva una tradición clásica que en España, con breves excepciones, tuvo escasa fortuna. Pocos de nuestros pintores se ocuparon de un género que en Francia tuvo a Meissonier y a Detaille, y en Inglaterra a Caton Woodville. Por ejemplo.

Ahora Ferrer-Dalmau ha terminado un cuadro espléndido, que estos días puede admirarse en una exposición que sobre su obra y la de su paisano Cusachs se celebra en el venerable edificio de Capitanía de Madrid, esquina de Mayor con Bailén. Se llama `Rocroi. El último tercio´, y narra -pintar con talento es una forma de narrar tan eficaz como otra cualquiera- la situación en el campo de batalla de Rocroi hacia las diez de la mañana del 19 de mayo de 1643, cuando los veteranos de la destrozada infantería española, formando el último cuadro, esperaban impasibles el ataque final de la artillería y la caballería francesas. Último ataque, éste, que no llegó a producirse. Admirado el duque de Enghien por la resistencia de los españoles -murallas humanas, los llamaría Bossuet- permitió a los supervivientes capitular con todos los honores, en los términos que se concedían a las guarniciones de plazas fuertes.

El cuadro de Rocroi tiene para mí un sentido especial, pues nació de una conversación con el pintor mientras despachábamos un cordero con cuscús en un restaurante de Madrid. Un lienzo crepuscular, fue la idea, que reflejase la soledad y el ocaso, la derrota orgullosa, el impávido final simbólico de la fiel infantería que durante dos siglos, desde los Reyes Católicos a Felipe IV, hizo temblar a Europa. El retrato riguroso de aquellos soldados empujados por el hambre, la ambición o la aventura, que acuchillaron el mundo caminando tras las viejas banderas, desde las junglas americanas a las orillas lejanas del Mediterráneo, de las costas de Irlanda e Inglaterra a los diques de Flandes y las llanuras de Europa central: hombres brutales, crueles, arrogantes, amotinadizos y broncos, sólo disciplinados bajo el fuego, que todo lo soportaban en cualquier degüello o asedio, pero que a nadie -ni siquiera a su rey- toleraban que les alzase la voz.

Mete un perro en el cuadro, sugerí más tarde, cuando el artista me mostró los primeros bocetos: uno que, como sus amos, se mantenga erguido esperando el final. Un chucho español flaco, pulgoso, bastardo, que siguió a los soldados por los campos de batalla y que ahora, acogido también al último cuadro, abandonado por su patria y sin otro amparo que sus colmillos, sus redaños y los viejos camaradas, espera resignado el final. Y píntalo tan desafiante y cansado como ellos.

A Ferrer-Dalmau le gustó la idea. Y ahora he visto el cuadro acabado, y el perro está ahí, en el centro, entre un veterano de barba gris y un joven tambor de trece o catorce años que el artista ha pintado rubio porque, naturalmente, es hijo de madre holandesa y de medio tercio. En el lienzo no figura el nombre del perro; pero Ferrer-Dalmau y yo sabemos que se llama Canelo y es un cruce de podenco y galgo español de hocico largo y melancólico, firme sobre sus cuatro patas, arrimado a sus amos mientras mira las formaciones enemigas que se acercan entre el humo de la pólvora, dispuestas al ataque final. Vuelto a los franceses como diciéndose a sí mismo: hasta aquí hemos llegado, colega. Es hora de vender caro, a ladridos y dentelladas, el zurcido pellejo. El cuadro es soberbio, como digo. O me lo parece.


Retrata a la pobre y dura España de toda la vida: el soldado ciego con una espada en la mano, al que un compañero mantiene de pie y vuelto hacia el enemigo; los que rematan sañudos a los franceses moribundos; el tranquilo arcabucero que sopla la mecha para el último disparo; el desordenado palilleo de picas que eriza la formación, tan diferente a las victoriosas lanzas que pintó Velázquez. Y sobre todo, la expresión de los soldados que miran al enemigo-espectador con rencor asesino. Acércate, parecen decir. Si tienes huevos. Ven a que te raje, cabrón, mientras nos vamos juntos al infierno. Realmente da miedo acercarse a esos hombres; y uno entiende que les ofrecieran rendirse con honor antes que pagar el precio por exterminarlos uno a uno. Son tan auténticos como el buen Canelo: españoles desesperados, tirados como perros, olvidados de Dios y de su rey. Y pese a todo, arrogantes hasta el final, fieles a su reputación, temibles hasta en la derrota. Peligrosos y homicidas como la madre que nos parió.

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El cuadro (enlace directo)

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/636/el-perro-de-rocroi/

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