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El chopo y/o álamo

Uno de los árboles más reconocibles, a simple vista, es el chopo/álamo. Esta dualidad en el nombre obedece a una mayor complejidad, pues la distinción no es fácil para el simple paseante… y tampoco para el experto. El hispanista Ian Gibson lo expresa con bastante gracia en un artículo titulado significativamente Chopos y/o álamos:

Lo confieso. Más ornitólogo que botanista, todavía no he llegado a poder distinguir entre chopos y álamos, y eso por mucho que frecuente los manuales o pregunte a quienes saben.

Y cita el origen de su interés, que quien escribe esto también comparte: Antonio Machado:

…¡álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!

El propio poeta no contribuye mucho a desfacer el entuerto: en este mismo poema, el VIII de “Campos de Soria”, usa tanto “álamos” como “chopos”.

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Árboles plantados en la ribera del río Gamo, Gajates, Salamanca

Salamanca no es una ciudad muy afortunada para ver estos árboles. Con la fama de destroza-tuberías y además víctimas, quizá las predilectas, del terror arboricida protagonizado por el anterior alcalde de la ciudad, Julián Lanzarote, si se exceptúa la ribera del Tormes, apenas quedan ejemplares de álamos canadienses en dos o tres parques de la ciudad (baste recordar los eliminados en los Dominicos, el Botánico o el Colegio Campo Charro), y menos aún de chopos negros, de los que persiste algún afortunado ejemplar en el Campus Unamuno y la antigua avenida de Champagnat, antes dotada de una hermosa hilera de árboles que acompañaban el camino al Cementerio.

Populus

Antigua Avenida de Champagnat o Camino del Cementerio (Google Maps)

La Biblioteca tiene un ejemplar de El chopo (Populus sp.) : manual de gestión forestal sostenible, con la signatura 633.87 CHO fer.

Artículo de Ian Gibson: http://elpais.com/diario/2005/05/17/andalucia/1116282133_850215.html

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Yo voy soñando caminos de la tarde… Caminos Naturales de España

Antonio Machado fue un gran caminante, y de otros compañeros de generación literaria, como Pío Baroja y Azorín, se decía que recorrían Madrid durante horas, sin apenas hablar entre ellos, siempre observando y apuntando paisajes y paisanajes, calles, animales, plantas y cielos, en un paseo que era también un viaje y un diálogo interior, abierto asimismo a la trascendencia, como decía el propio Machado:

Converso con el hombre que siempre va conmigo
– quien habla solo, espera hablar a Dios un día –

Burros Hill

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?

Desde hace décadas, hay diversas modalidades de caminar, aunque puedan agruparse en dos : la primera es sencilla y barata, y suele verse en parques y avenidas y caminos de las afueras, mezclándose, entre otros, paseantes solitarios, perreros, grupos animosos de mujeres en chándal con (dependiendo del tiempo) las chaquetas atadas a la cintura, parejas de jubilados y ciclistas en carril-bici que invaden las aceras y lo contrario, todo ello en lo que humorísticamente se conoce como el deporte de los pobres o la ruta del colesterol.

Ruta del Colesterol

http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/la-cronica-de-castellon/exito-de-ruta-del-colesterol-tambien-en-verano_1162.html

La otra modalidad resulta indudablemente más costosa (aunque también hay posibilidades bastante razonables) y sofisticada: el senderismo, cuyos esforzados practicantes están más que dispuestos a los madrugones, las caminatas duras, el disfrute de paisajes naturales, con incursiones culturales, verdaderamente privilegiados, y las cervezas reparadoras al final del trayecto (y los aguardientes de primera hora). Sólo en Salamanca, algunas de las asociaciones más conocidas son La Facendera, Santa Marta K-mina o Senderismo Villares Paso a Paso, además de darse numerosas excursiones organizadas, más o menos informalmente, por particulares.

K-mina

Santa Marta K-Mina, www.santamartakamina.es

La Biblioteca acaba de incorporar a su colección unos cuantos títulos sobre esta temática, todos con la signatura 502 SEN:

Caminos naturales de España: una auténtica joya, no sólo por su contenido, sino también por la magnífica edición. Disponible también en la red.

– GR-1 sendero histórico : trayecto leonés : el parque regional de Picos de Europa en Castilla y León

–  GR-10 Valencia-Lisboa : provincia de Ávila : Parque Regional de la Sierra de Gredos, Reserva Natural del Valle de Iruelas 

– GR-14, sendero del Duero, GR-14.1, sendero del Águeda : provincia de Salamanca : Parque Natural de Arribes del Duero

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Estos días grises del otoño me ponen triste… La naturaleza y José Luis Perales

José Luis Perales es un cantautor conocido sobre todo por su faceta romántica, pasando más desapercibido su lado social. Sobre él siempre ha pesado la complicada diferenciación o equilibrio entre lo delicado y lo “moñas”, lo romántico y lo sentimentaloide, y eso se ha reflejado en el ardor con que lo defienden sus admiradores… y la saña con que se aplican los detractores. Tampoco su apariencia y performance en los escenarios le ayudaron mucho. Este texto, que ha pasado a formar parte del imaginario cultural hispanohablante, sirve de buena muestra:

¿Y cómo es él?
¿En qué lugar se enamoró de ti?
¿De dónde es?
¿A qué dedica el tiempo libre?
Pregúntale,
¿Por qué ha robado un trozo de mi vida?
Es un ladrón, que me ha robado todo
(¿Y cómo es él?)

De hecho, hasta el propio Perales no pudo escaparse de la propia canción, pues parece ser que su mujer no se la tomó muy bien, teniendo que aclarar públicamente que se refería una hija que acababa de echarse novio formal.

Perales también es conocido por su faceta de compositor de artistas como Miguel Bosé (Morir de amor), Mocedades (Le llamaban loca), Raphael, Rocío Jurado, Isabel Pantoja o Jeanette (la excelente Por qué te vas, de la que, según Wikipedia, hay más de 40 versiones). Engancha así con los excelentes cantautores de su época, Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute y Víctor Manuel, por citar algunos (Joaquín Sabina, aunque prácticamente coetáneo, empezó su carrera más tarde) que además de su carrera en solitario, fueron compositores de éxito para otros cantantes.

Aunque hay una evolución musical en su carrera (de canción típica de cantautor a canción melódica) sus letras son bastante sencillas y profundas y en ellas la naturaleza y sus elementos juegan un papel fundamental para reflejar los estados de ánimos y las intenciones poéticas y musicales del cantante. Recuerda mucho, en este sentido, a Antonio Machado:

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?[…]
-La tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón.
(Yo voy soñando caminos, A. Machado)

***

Dices que paso las horas
oyendo el viento soplar…
Pregúntales a los pájaros
que alegran mi caminar.
(Dices que soy hombre triste)

Tal vez Dices que soy hombre triste sea su canción más propiamente machadiana, donde la naturaleza es contemplada buscando una sintonía con el interior, no sabiéndose si el exterior es lo que contribuye al propio ánimo o a la inversa, si es la disposición íntima la que proyecta sus sentimientos en lo que se tiene delante:

Dices que soy hombre triste,
que llora mi corazón…
Y es que yo encuentro mi mundo
en mi pequeño rincón.

Pero también cuando las cosas van bien, cuando el cantante está enamorado y es correspondido, la naturaleza siempre está presente:

El amor
es una boca con sabor a miel,
es una lluvia en el atardecer,
es un paraguas para dos
(El amor)

La añoranza encuentra asimismo su expresión natural:

Como arrastra el viento aquellas hojas,
como llueve hoy
y que torpe vuela por el cielo
ese gorrión.
Se han quedado mudos esos nidos
de golondrinas[…]
Estos días grises del otoño
me ponen triste
y al calor del fuego de mi hoguera,
te recuerdo hoy
(Canción de otoño)

Como no podría ser de otra manera, la pérdida del amor, algo con lo que el ser humano suele identificarse más fácilmente:

No resulta fácil
inventarse un beso
Ni esa playa blanca
que era nuestro lecho […]
No hay primavera que me arrastre
hasta sus flores
ni cantan en mi huerto
los ruiseñores.
(No resulta fácil)

Y un perro, que podría ser descendiente del perro de Lázaro en el Evangelio y de Rocroi en Pérez-Reverte, acompaña y consuela al muchacho al que una chica acaba de dejar:

Te pones a llorar, no sabes bien por qué
muchacho solitario de mi calle.
Te alejas en silencio,
un perro va lamiéndote los pies…
(Muchacho solitario)

Y finalmente, como en la Penélope de Homero y Serrat, o la mujer de El muelle de San Blás de Maná, alguien tal vez pierda su vida en una espera sin esperanza (aunque se acabe convirtiendo en todo un experto en botánica):

Pasó la primavera y el verano,
las lluvias del otoño y del invierno
la nieve en las montañas.
Entró tímidamente y sin permiso
el sol por las ventanas.

Crecía hierbabuena en el camino,
seguía en el rincón el sauce y el ciprés
y en esa sombra fresca un avellano
en los ribazos, lirios y azucenas
y en el patio, naranjos.

Aroma de geranio en los balcones
y en la puerta el rosal de rosas nuevas
volvió a vestir su traje de domingo
en cada primavera.
(La espera)

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