Nobel de vida

En 1962, el británico John Gurdon abrió la gran ventana que permitiría conocer el impresionante proceso del desarrollo embrionario. Consiguió clones de renacuajo desde núcleos de células intestinales de renacuajo. En 1967, clonó una rana adulta transfiriendo el núcleo de células del intestino a un huevo fecundado, al que retiró su núcleo. Había nacido la técnica de transferencia nuclear, que usó Ian Wilmutt para mamíferos, consiguiendo la envejecida, enferma y estéril oveja Dolly en 1997. El huevo de anfibios, por su gran tamaño, ha sido un laboratorio para conocer cómo se regula la expresión de los genes. Se supo así que el desarrollo de los mamíferos es mucho más complejo que el de las ranas. El ADN heredado cambia de estructura y de patrón de modificaciones químicas durante la fecundación, desarrollo y maduración, y durante la vida. Los genes de mamíferos guardan memoria epigenética y, por ello, se expresan o se silencian de forma irreversible, mientras el proceso de desarrollo es reversible en anfibios.

En el año 2000, habían aparecido las células pluripotenciales, procedentes de la destrucción de embriones humanos, y hacían su debut las células madre de adulto. Las presiones ideológicas, políticas y economicistas, presionaban a la racionalidad científica con la falacia de que conseguirían curar enfermedades degenerativas, y con la utopía de la clonación terapéutica, con la que se crearía un embrión clon del paciente, evitando el rechazo. Los fracasos se repetían, pero el debate se presentó en términos de que la oposición a emplear embriones vivos, congelados y sobrantes de la FIV se debía exclusivamente a la cruel postura de los católicos, que anteponían la dignidad del embrión humano a la curación de enfermos. Las células provenientes de embriones fracasaron, de hecho, en 2005, sin que los medios se hicieran eco. Existía la certeza científica de que, por su propia naturaleza, las células aisladas de un embrión no podrían ser domesticadas, y de que, menos aún, la clonación de embriones llegaría a ser una fórmula terapéutica.

 

http://www.panoramafolkart.com/artists/den-smith/

Al mismo tiempo, la mayoría de los tipos de células de adulto que se iban conociendo eran ya un tanto demasiado maduras. ¿Cómo dar marcha atrás al reloj celular del paciente? Shinya Yamanaka asumió el reto. Se inspiró en los trabajos de Gurdon, y ha sido el referente científico de la Medicina regenerativa. Su sueño de curar a muchas personas sin destruir embriones, ni manipular mujeres para conseguir óvulos, se ha hecho realidad. Ha conseguido rejuvenecer células madre de adulto y de enfermos. Le falta trabajo por delante, afirma siempre, para curar lesiones medulares o Parkinson. Pero ya tiene asegurado el éxito: sus células humanas rejuvenecidas son, desde hace años, un laboratorio para probar fármacos y tóxicos. Las empresas farmacéuticas ya pueden usarlas para estudiar las enfermedades raras.

Con la concesión del Premio Nobel de Medicina a estos dos científicos, una vez más se cumple la regla de oro de la racionalidad biomédica: seguir siempre el camino de potenciar la función natural y no el invasivo o destructor.

Natalia López Moratalla

http://www.alfayomega.es/Revista/2012/802/14_puntodevista.php

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Archivado bajo Biomedicina, Biotecnología, Clonación, Genetica

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